Alexandra, 20 años. Dolor genital

Todo comenzó con un dolor durante las relaciones sexuales que pensaba que desaparecería por sí solo. Cuando me di cuenta de que aquello no era algo casual acudí a la ginecóloga, quien después de muchas pruebas y tiempo de espera me dijo que tenía dispareunia y me recomendó que probara la psicoterapia.

Me estuve informando por internet de varios centros y finalmente me decanté por el centro de Anna, que fue el que más confianza y esperanza me dio debido a su trato cercano, quien tan sólo después de escribirle para pedir información me respondió todas mis dudas y me dio el empujón que necesitaba para creer que podía solucionar el problema de la dispareunia.

Cuando fui por primera vez a la consulta me sentía muy perdida y preocupada. No podía creer que aquello me estuviera pasando a mí y que hubiera sido de una manera tan azarosa. Ana me hizo ver más allá de mi problema y me ayudó a reflexionar y a tomarme las cosas de otro modo. La terapia más focalizada en la dispareunia consistió en unas fases que yo tenía que llevar a cabo con mi pareja, sin ningún tipo de presión y durante el tiempo que yo necesitara. Pudimos realizar sesiones semanales o cada dos semanas si era necesario, y siempre en función de cómo me sintiera y si había podido realizar los ejercicios pautados.

El proceso parecía fácil aunque ponerlo en práctica con la pareja era más difícil, pero las ganas de curarme no me faltaban por lo que con fuerza de voluntad y con la mente bien abierta me di cuenta de que era posible. Enseguida empecé a notar cambios positivos y en poco tiempo, aproximadamente un mes, ya podía mantener relaciones sexuales con mi pareja con normalidad, sin dolor.

Estaba muy contenta y muy agradecida, no sólo por haber podido solucionar el problema de la dispareunia sino porque la terapia con Anna me había ayudado a aprender de mí misma, de lo que quiere mi cuerpo y saber comunicarlo. Además, la terapia ha conseguido que tengamos una mejor comunicación con mi pareja y que podamos hablar más abiertamente de lo que sentimos y pensamos.

Después de casi dos meses desde que ya parecía que el problema se había solucionado, de incertidumbres y miedos a una posible recaída, me he dado cuenta de que no tengo que sufrir más. Actualmente ya no siento ningún tipo de dolor, y si en algún momento tuviera, Anna me ha sabido transmitir los recursos suficientes como para poder abordar la situación por mí misma.

Sin embargo, he descubierto en terapia un lugar donde poder ordenar mis pensamientos y poder hablar abiertamente de aquellas cosas que me preocupan, por lo que haber superado la dispareunia no supone un adiós sino un hasta pronto. Por lo tanto animo a todas aquellas personas que pasen por una situación parecida a que busquen ayuda y tengan confianza en la terapia y en ellas mismas para salir adelante. Yo también creía que nunca más podría mantener relaciones sexuales con normalidad y tras la psicoterapia el problema ha desaparecido y me siento mejor que nunca conmigo misma y con mi pareja.

Muchas gracias por todo Ana, sin tu alegría y tus consejos todo esto no habría sido posible.

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