Dani, 27 años. Ataques de ansiedad.

Mi nombre es Dani, desde hacía unos años padecía crisis de pánico, bastante espaciadas en el tiempo -por suerte- pero aún así molestas y que en determinadas épocas muy puntuales se tornaban más seguidas, mermando mucho mi calidad de vida. Después de tanto tiempo y seguido de una crisis fuerte decidí probar a contárselo a mi médico de cabecera y éste me derivó a soluciones farmacológicas. Empecé el tratamiento pero tenía numerosos efectos secundarios, lo que me llevó a querer cortarlo rápido, aunque podía soportarlos decidí probar algún otro tipo de solución y volvería a las pastillas si no había mas remedio.

La única alternativa era la vía de la psicoterapia, así que con toda la inocencia del mundo me metí en Google buscando psicólogos en Barcelona. El azar me llevo a contactar con Anna,la que fue mi terapeuta en todo el proceso. Concerté una cita lo más rápido que me fue posible y abierto de mente me dirigí a mi primera consulta.

Una vez allí, y dentro de la privacidad absoluta de un despacho, me sentí con suficientes fuerzas para soltar todo lo que me preocupaba, aunque no tuviera a mi parecer nada que ver con mis crisis. Mi terapeuta me explicó desde un primer momento como sería lo que haríamos y que métodos seguiríamos: una terapia basada en un esquema pero adaptada a mi persona. Me encantaría recordar el nombre exacto del método, pero no me viene, espero que mi terapeuta me perdone ya que me lo nombró varias veces.

A partir de ahí mi experiencia fue muy grata, cada vez sentía mas comodidad y libertad para contar todo. A cambio ella me proporcionó guías y herramientas para empezar a cambiar aspectos de mi vida y lo más importante, encontrar los vínculos que unían mis crisis y mi persona. Esto era lo esencial ya que sabiendo esto ya conoces el enemigo, y si lo conoces sólo queda elaborar tu plan de ataque para aniquilarlo o al menos reducirlo.

La evolución la pude sentir yo mismo, no fue una diagonal ascendente, sino más bien una línea ondulada y sinuosa con tendencia hacía arriba. Explicándome mejor: me concedí a mí mismo el poder caer y no castigarme por ello, ya que veía que las caídas cada vez eran menos profundas y las puntas de mejoría cada vez mas altas. A la par que yo, ella también sabía mi evolución, lo que hizo que ella misma me propusiera espaciar cada vez más y más las sesiones: primero semanales, luego quincenales, mensuales y hasta bimensuales.

No por ello fue larga ni mucho menos mi terapia, no llegó a los 6 meses, no quiero decir que todo el mundo vaya igual de rápido ni mucho menos, pero sí destacar que fue mucho más corta de lo que esperábamos tanto ella como yo. Cuando acabé dejé allí mis pensamientos más profundos -y los más absurdos también, nadie me iba a juzgar- pero no sólo dejé, sino que también me llevé unas herramientas muy valiosas de trabajo personal, ya que también depende de uno mismo acabar con las crisis, herramientas que a día de hoy sigo utilizando con más práctica cada vez.

Hace dos meses que acabé la terapia y estoy muy contento, con unas crisis que no se repiten desde septiembre pero que si volvieran oportunamente tampoco sentiría que está todo perdido, sino que sentiría una batalla perdida de muchas otras ganadas, y que si alguna vez vuelvo a necesitar ayuda o guía sólo tengo que pedirla. Mi único arrepentimiento ahora mismo es el hecho de no haber tomado la decisión de empezar la terapia mucho antes.

Un saludo a todos, y en especial a Anna Ma, mi terapeuta.

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